El Opio de los Pueblos estuvo en Picos Pardos
Se presentó en Picos Pardos los Jueves y Viernes desde el 17 de Abril hasta el 2 de Mayo la obra “El opio de los Pueblos” comedia absurda del grupo de Teatro Independiente CABEZA.

La religión y el amor
Realmente esta comedia es absurda y realista a la vez.
En el primer acto se encuentran en un bar, supuestamente montevideano, atendido por un militante y simpatizante de la revolución cubana (lo cual hace las veces de comunista, refuerza en parte lo del título de Kart Marx y de la obra en sí) que atiende el mismo donde comienzan a llegar los personajes uno por uno, centrandose el diálogo en una mesa compartida por un Musulmán, un Rabino y un Cura que son amigos a pesar de sus diferencias religiosas. En una mesa contigua 2 muchachas toman algo y charlan mientras los hombres tratan de arribar de diferentes formas a esas chicas desde sus puntos de vista religiosos. Es aquí, que el humor comienza a tener más protagonismo y según cada religión lo ve diferente, siendo más inocente la visión del Cura.
Se suceden varios diálogos entre los amigos y luego, el cura con las chicas que tienen un ir y venir de la acción con expresiones y mímicas de aprobación y desaprobación del Rabino y el Musulmán para con el Cura llegando a la finalización del primer acto.
Polémica en el bar
En el segundo acto, aparecen en el bar nuevamente pero con shorts, medias y zapatos de fútbol, pero manteniendo sus atuendos religiosos cubriendo sus torsos, mientras empiezan a charlar de fútbol y otras cosas de la vida aparece en escena un inspector de la DGI, justo cuando el dueño había salido para hacer unos trámites y les dejó a cargo el bar, lo que propicia diálogos jugosos con visiones religiosas y monetarias entrelazadas, que dan dinamismo a la obra, mientras el Musulmán reza a la meca por ejemplo.
Aparece Rebeca a buscar al Rabino y otras situaciones se suceden hasta el final de la obra que trata de hermanar a las religiones a pesar de que sean “el opio de los pueblos”.
Altamente recomendable si quieren reírse al compás de los hábitos religiosos en un bar y con entrada libre, en este ciclo, esperando que se confirme en el mismo lugar o en otro espacio teatral más grande donde lo pueda apreciar más cantidad de gente.
Por Miguel Juncal